Alfonso Rojo: “El deterioro de España, la genética, la cobardía y el erróneo diseño institucional”

hace 4 meses
Viendo este desastre, seguro que todos ustedes, en más de una ocasión, se han hecho la pregunta: ‘¿Como hemos llegado hasta aquí?’
¿Cómo ha sido posible que España haya derivado en el batiburrillo que es ahora.
No me refiero sólo al despelote en los precios, a la legión de parados, al coladero en las fronteras, a la proliferación de vagos y mangantes, a las leyes estúpidas o a la claudicación ante los facinerosos periféricos.
Hablo esencialmente de la erosión de la Nación, de la falta de espíritu patrio, de la ausencia de valores y de la desaparición progresiva de la idea de que tenemos una Historia y un destino comunes.
Aquí hemos pagado un vicepresidente de Gobierno llamado Pablo Iglesias, que alardeaba de ser incapaz de pronunciar la palabra España y a quien la bandera rojigualda daba asco, pero si solo fuera el majadero del marido de Irene Montero o los exabruptos de la cuadrilla podemita, hasta sería digerible.
El problema es mucho más profundo.
Según datos de una encuesta del CIS, que no se hizo en tiempos del inefable Zapatero o bajo la tutela del sanchista Tézanos sino con Rajoy de presidente, apenas el 16% de la ciudadanía estaría dispuesto, sin titubear, a poner el pecho para defender la Patria ante una agresión extranjera.
En otras palabras: 8 de cada 10 españoles correrían como gallinas hacía Francia si, por ejemplo, las tropas marroquíes ocupan Ceuta y Melilla y saltan a este lado del Estrecho, como hicieron los moros de Muza en el 711.

¿Somos realmente descendientes de aquellos valientes, que hace cinco siglos cruzaron el Atlántico en cascarones de nuez y conquistaron América?
La realidad es que, a punto de completar el primer cuarto del Siglo XXI, resulta imposible encontrar rasgos comunes entre los españoles de hoy y los que se batieron el cobre en Flandes o derrotaron al turco en Lepanto.
La tentación es apuntarse a la tesis de la mutación genética, pero las cosas son mucho más simples, más rupestres.
Tras las muerte de Franco, con la instauración de la democracia y del sistema autonómico, el Gobierno central y los grandes partidos -todos sin excepción desde hace más de 40 años- han obviado con miopía fomentar el afecto hacia España y la identificación con su Historia.
Se cedieron las competencias en Educación, en aras de acercar la Administración a los administrados, se pusieron en manos de los separatistas televisiones, cuerpos de policía e ingentes recursos económicos y encima se santificó una ley electoral que sobrerrepresenta en el Congreso de los Diputados a los partidos nacionalistas y les convierte en decisivos a la hora de formar Gobierno.
A esos errores de diseño institucional se une la perversa empanada ideológica de la izquierda española, que considera el patriotismo algo ominoso y opta siempre, a la hora elegir socios, por los enemigos de España y del sentido común.
Por eso tenemos a un felón Sánchez ocupando La Moncloa y de no ocurrir un milagro, lo vamos a tener que aguantar dos, tres o cuatro años mas.

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